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Diecisiete años sin Pedro Cantillo Araujo: un homenaje que recuerda al hombre detrás del líder

Este 16 de octubre se cumplen 17 años de la muerte de Pedro Cantillo Araujo, exalcalde de Baranoa. Un texto en su memoria propone recordarlo más allá de los cargos: como esposo, padre y vecino de su pueblo.

Diecisiete años sin Pedro Cantillo Araujo: un homenaje que recuerda al hombre detrás del líder
Retrato de Pedro Cantillo, ex alcalde de Baranoa y líder político de la ciudad.

Este viernes 16 de octubre se cumplen 17 años de la muerte de Pedro Cantillo Araujo, una de las figuras políticas de Baranoa en las últimas décadas del siglo XX. Pedro Martín Cantillo Araujo falleció el 16 de octubre de 2009.

Con motivo de la fecha, José Luis Palma Nieto publicó un texto titulado “Pedro Cantillo Araujo: el hombre”. En él se aparta de la figura pública para detenerse en su dimensión personal. El escrito está dedicado a su hijo, Pedro Cantillo Bolívar, conocido como “Pellín”.

“Hoy, cuando se cumplen diecisiete años de su muerte, quisiera apartarme por un momento del personaje para detenerme en el hombre”, escribió el autor.

Su paso por la vida pública

Cantillo Araujo estuvo al frente de la administración municipal de Baranoa a mediados de los años noventa. En 1995, durante su gobierno, se construyeron las nuevas instalaciones de la institución educativa IETIBA, en la calle 12 # 19-409, con un crédito de Findeter, según la reseña histórica del colegio.

Años después volvió a aspirar a la Alcaldía. En esa campaña llamó la atención sobre la falta de espacio en el cementerio municipal con una propuesta simbólica: un decreto que prohibiría morir en Baranoa, según recordó Ámbito Jurídico.

En febrero de 2017 fue inaugurada en el municipio la Cancha Municipal de Fútbol Pedro Cantillo Araújo, con una inversión cercana a 3.500 millones de pesos, según la Alcaldía de Baranoa.

Pedro Cantillo Araujo | Foto: tomada de Facebook

Pedro Cantillo Araujo, el hombre

El texto recuerda su liderazgo, su capacidad oratoria, su vocación política y su cercanía con la gente. Pero se centra en la vida familiar: su esposa, Rita Bolívar, y sus tres hijos “conocieron una parte de Pedro a la que la multitud difícilmente podía acceder”.

El autor aclara que no busca “levantar una estatua ni dibujar una figura desprovista de sombras”, sino reconocer la huella que dejó en quienes lo conocieron. “Un hombre termina de irse cuando deja de tener significado para los vivos”, escribió.

El homenaje cierra con una despedida: “Descansa en paz, Pedro. El tiempo se ha llevado los años, pero no ha conseguido llevarse tu nombre”.

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