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Baranoa, cuna del pensamiento social del Caribe

El sociológo e investigador del Museo Histórico de Baranoa, Emmanuel De la Cruz, analiza en estos 170 años de Baranoa, la ciudad como la cuna del pensamiento social del Caribe en su columna de opinión.

Baranoa, cuna del pensamiento social del Caribe
De izquierda a derecha: Juan José Nieto, Carlos Angulo Valdés y Aquiles Escalante.Foto: Elaboración propia

Pensar desde el Caribe colombiano es, ante todo, hacerse la pregunta de quiénes somos y de dónde venimos. Baranoa es conocida por sus tradiciones, su cocina y sus fiestas, pero muy pocos saben que este municipio también es tierra de pensamiento: aquí nacieron, o dejaron su huella, tres figuras que dieron forma a las ciencias sociales del Caribe colombiano.

Hace diez años, un grupo de baranoeros inquietos por la historia empezamos a seguirle la pista a un coterráneo del que casi nadie hablaba: Juan José Nieto Gil. De ese recorrido nació el Museo Histórico de Baranoa, y con él una convicción que sigo defendiendo: recuperar a Nieto no es solo un acto de justicia histórica, es también un acto de soberanía epistemológica. Es decidir que nuestra historia puede pensarse desde aquí y no solo desde Bogotá o Europa.

Pero Nieto no está solo. Junto a él, Carlos Angulo Valdés, en la arqueología, y Aquiles Escalante Polo, en la antropología, formularon cada uno a su manera la misma pregunta. Y frente a ese legado persiste una paradoja: el territorio que los vio nacer los enseña poco en sus propias aulas.

Juan José Nieto Gil (1804–1866): Historia, letras y el pensamiento Caribe

Nieto nació en Baranoa y desde muy joven se abrió camino en una Cartagena que intentaba aprender a ser republicana. De formación en buena parte autodidacta, fue gobernador de la Provincia de Cartagena, fundó periódicos como El Cartagenero y La Democracia, y en 1861 se proclamó presidente de los Estados Unidos de la Nueva Granada. Orlando Fals Borda lo sacó del anonimato combinando documentos y tradición oral, y lo consideró el caudillo popular más sobresaliente de la región.

También escribió Ingermina o la hija de Calamar (1844), novela fundacional de nuestras letras y, en mi lectura, el primer texto donde un pensador caribeño se pregunta por el mestizaje y la identidad. Ahí está lo que más me ha ocupado: el mismo hombre que decretó la abolición de la esclavitud en la Provincia de Cartagena el 21 de mayo de 1851 escribió un relato donde la raíz afrodescendiente casi desaparece y la indígena queda subordinada. No lo entiendo como un error personal sino como el síntoma de un proyecto: conciliar el liberalismo con el orden social de una república que apenas nacía. Leer a Nieto hoy implica sostener ambas cosas a la vez, su aporte y su costo.

Carlos Angulo Valdés (1914–2001): el rigor del método y la memoria profunda

Si Nieto nos dejó una pregunta sobre la identidad, Angulo Valdés nos dio el suelo donde buscarla. Antes de sus investigaciones, la arqueología en el Atlántico oscilaba entre el guaqueo y el coleccionismo; con él llegaron el método estratigráfico, la seriación cerámica y el análisis de laboratorio, que convirtieron simples vestigios de barro en cronologías.

Entre sus aportes se destaca la Tradición Malambo, que permitió comprender sociedades agroalfareras tempranas del Caribe, y sus prospecciones en Baranoa, Tubará, Puerto Hormiga y la Ciénaga Grande de Santa Marta mostraron la antigua densidad poblacional del territorio.

Fue además gestor del Museo Antropológico de la Universidad del Atlántico (MAUA), semilla de otros espacios patrimoniales de la región como los laboratorios arqueológicos que sentaron las bases para el Museo Arqueológico del Comixba de Baranoa (hoy Museo Histórico de Baranoa), el Museo MAPUKA de la Universidad del Norte y el MUMA de Malambo, que lleva su nombre. Su enseñanza sigue vigente bajo el lema implícito de «Nunca le dejes nada a la memoria»: el registro metódico es la mejor defensa contra el olvido.

Aquiles Escalante Polo (1923–2002)Antropología antropología desde el territorio y el rescate del patrimonio Mokaná

Escalante Polo llevó la etnografía colombiana a un lugar de reconocimiento internacional. En una época en que lo afro y lo indígena eran invisibilizados por el discurso de la homogeneidad nacional, estudió las afrodescendencias y sus resistencias, con El negro en Colombia (1964)

Salir del aula para habitar el territorio

Mientras los planes de estudio priorizan biografías lejanas, estos tres autores permanecen ausentes de nuestras aulas. No creo que sea falta de interés, sino costumbre: durante mucho tiempo aprendimos que el pensamiento venía de otra parte. Las ciencias sociales no son fechas para memorizar; son una herramienta para comprendernos y construir futuro desde nuestra propia tierra.

Por eso propongo, con modestia, algo concreto a docentes, directivos y estudiantes de Baranoa: incorporar una Cátedra de Ciencias Sociales de Baranoa en los planes de área, leer a estos tres autores, recorrer los arroyos y caminos de nuestros antepasados y hacer del Museo Histórico una extensión de la escuela. Pensar el Caribe, como el mar, no tiene puerto de llegada: cada ola trae nuevos sentidos, y a nosotros nos toca seguir leyéndolas.

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