Connect with us

El Museo - La Revista

Cuando Baranoa era Baranoa

En este artículo, redescubrimos la Baranoa de antaño a través de un tesoro invaluable descrito por Israel Ortega: las vivencias de María del Rosario Escobar. Este texto de memoria oral nos transporta a la cotidianidad del municipio en épocas pasadas, honrando la tradición y la riqueza de la voz popular. Es un viaje emotivo que contribuye a la memoria colectiva del Atlántico. Disponible en formato multimedia gracias a Fórum News.

Published

on

Tomado de las vivencias de María Del Rosario Escobar | Por: Israel Ortega

Una brisa sofocante entró levantando el polvo de las calles del pueblo, el único testigo mudo de un lugar cuyas casas eran de barro y techos de paja, donde los vecinos compartían, en especie de trueques, los alimentos que el campo les brindaba. Muchas de estas casas tenían sus propios cultivos y árboles frutales; se veía el ají, el pimentón, el cilantro y hasta gallinas criollas que con sus huevos creaban un festín junto con la yuca, la batata y el plátano cocido, además de la leche recién ordeñada en los patios vecinos o la que se ofrecía en venta en el hoy Banco Agrario, antigua tienda del señor Galende.

Baranoa solía despertarse a las 5:10 de la mañana para deleitarse con sus desayunos, pero cada siete de enero era diferente. El fervor de un pueblo religioso se tomaba los alrededores de la iglesia y bajo el rito solemne se celebraba, a las 3:00 de la mañana, la llegada de tres hombres guiados por la estrella dorada de una bandera verde y rosada. Se dice que confundieron el calor abrasante y las calles polvorientas con las de un recuerdo que les traía el desierto.

A las doce empezaba el calor aplastante y el viento ardiente. Era un luminoso día de julio y se preparaba el almuerzo: arroz con pescado acompañado de una ensalada de papaya que se cocía en cuadritos con ajo y vinagre. Este último se elaboraba mediante una técnica ancestral, con conocimientos alquimistas. Por un proceso de fermentación se usaba la cáscara de piña, cebolla, ajo y panela, y en tres días, luego de colar el sólido, se obtenía el acompañante de las zaragozas y el guandú.

Al caer las 3:00 de la tarde, los habitantes de este terruño se disponían a ir a ver a la mujer que dejó su corazón en el pueblo; aquella que se hizo pesada del calor y que cada año en este mismo mes de julio, el pueblo acompaña añorando el tiempo pasado, extrañando el estrépito de unos ruleteros que se sumaban a la celebración con mesas largas que esperaban a los apostadores. Los niños estrenaban sus trajes, hechos por sus madres, que sacaban de armarios añejos llenos de naftalina, cuyas puertas no debían dejarse abiertas, porque los muertos las usaban como portal hacia el mundo de los vivos.

Al caer la noche, un aire denso y frío tomaba las calles. Decían los más viejos que, en ese instante, la mala hora salía a buscar a quien no estuviera en su casa, y el pueblo, junto con su gente, parecía contener la respiración. Al despertar, todo volvía a ser igual: los gallos cantaban, el café estaba servido, y el sol, de tanto mirar, reposaba sobre los techos de paja de un pueblo bajo el cielo de la costa Caribe, donde aún se forja un feliz porvenir.

Fórum es un medio de comunicación y de propagación de noticias de Barranquilla, el Atlántico y Colombia. Es el portal de periodismo virtual más completo que, a través de herramientas proporcionadas por las redes, busca crear mayor interacción entre el público y su contenido. Trabajamos para ofrecer la información oportuna en el tiempo oportuno. En Fórum encuentras la información que quieres ver, como la debes ver.

Advertisement
Advertisement
Advertisement