El Museo - La Revista
Revivir la historia en tiempos de la IA: un nuevo viaje a la memoria colectiva
En este artículo, Sebastián Algarín reflexiona sobre el papel crucial de la Inteligencia Artificial en la preservación y reactivación de la memoria colectiva. Exploramos cómo las nuevas tecnologías están ofreciendo herramientas inéditas para revivir el pasado, cuestionando el futuro de la historia tal como la conocemos. Descubre este nuevo viaje a la memoria en la Revista El Museo. Disponible en formato multimedia (lectura y podcast) gracias a Fórum News.
Por: Sebastián Algarín Sierra – Comunicador Social y Periodista
Hace más de cuarenta años, en 1984, se estrenó Terminator, una película que imaginaba un futuro donde las máquinas habían tomado conciencia y se rebelaban contra la humanidad. La idea de una inteligencia artificial capaz de dominar el mundo parecía entonces pura ciencia ficción. Sin embargo, hoy la IA no solo forma parte de nuestra vida cotidiana, sino que también se ha convertido en una herramienta para explorar el pasado y reconstruir la memoria.
Quizá algunos se pregunten qué relación puede tener Terminator con una revista de historia local. Pero la conexión es más cercana de lo que parece. Si en los ochenta temíamos que las máquinas destruyeran el mundo, hoy somos testigos de cómo pueden ayudarnos a reconstruirlo desde la memoria. Desde hace un par de años, las inteligencias artificiales han abierto un campo fascinante: el de revivir visualmente lo que ya no existe. A través de sus herramientas de generación de imágenes, hemos podido imaginar cómo habría lucido una Baranoa de principios del siglo XX: sus calles polvorientas, las casas de bahareque, la Plaza Principal cuando apenas era un punto de encuentro de comerciantes y músicos. Estas representaciones no son videos reales, sino interpretaciones posibles del pasado que despiertan curiosidad y emoción a partir de fotografías antiguas.
El papel del MUHBA en la memoria local
Desde su creación, el MUHBA se ha convertido en un espacio clave para la comunidad baranoera: un repositorio de documentos, fotografías, relatos orales, artesanías, y eventos que dan forma a la identidad del municipio. Celebrar diez años no solo es un motivo de festejo, sino también de reflexión: ¿qué hemos conservado y qué aún está ausente en la memoria colectiva? Aquí es donde la IA aparece como un nuevo instrumento para trazar puentes entre lo que fue, lo que recordamos y lo que podemos imaginar.
Las imágenes compartidas recientemente en redes sociales, por ejemplo las publicaciones con videos o animaciones hechas a partir de fotos antiguas que muestran personas en la Plaza Principal antigua, o la construcción del tanque del acueducto municipal (ver Imagen 1), reflejan un fenómeno curioso: se viralizan por su carga emocional, porque evocan recuerdos de infancia, de abuelos que caminaban por esas calles, de espacios que algunos reconocen y otros apenas intuyen. Son recuerdos que, muchas veces, ya no existen en la forma original o han sido transformados por el tiempo.

La IA como herramienta de memoria histórica
La aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito del patrimonio cultural ha sido objeto de estudio en los últimos años. Según un análisis sobre “Inteligencia artificial en el contexto del patrimonio cultural y museos”, la IA permite “aplicaciones mejoradas de archivo, catalogación y gestión de la información” (EVE Museos + Innovación, 2023). Otro estudio titulado “Memoria Histórica e Inteligencia Artificial” plantea cómo la IA puede actuar como colaboradora creativa en la producción visual de la memoria (Vertedor, 2023).
Sin embargo, no todo es una utopía tecnológica. Hay varias preguntas que debemos plantearnos: ¿hasta qué punto la IA “imagina” una historia que realmente existió frente a una que simplemente pudo existir? ¿Qué pasa si la reconstrucción digital abre paso a versiones idealizadas o distorsionadas del pasado? Como advierte un artículo reciente “Inteligencia artificial e historia: lo que no puede una máquina”, la historia no es sólo ordenar datos, sino formular preguntas situadas, elegir fuentes y reescribir relatos desde cada presente.
Un claro ejemplo es lo que podemos ver en publicaciones que recientemente se han hecho virales en Facebook, donde los usuarios utilizan fotografías antiguas —como las de la parroquia Santa Ana— y recurren a herramientas de inteligencia artificial para recrear escenas típicas de comienzos del siglo XX. En algunos casos, las animaciones resultantes muestran mezclas temporales curiosas, como esta en la que aparecen vehículos Land Rover Defender, íconos de la década de 1990 en Baranoa y erróneamente mal llamados “Jeeps” algo que, claramente, es una interpretación errada de la historia.

También es importante atender retos éticos y prácticos: los algoritmos de IA pueden reproducir sesgos de género, raza o clase si se entrenan con datos poco representativos. Asimismo, el exceso de delegar en la IA puede debilitar nuestra propia capacidad de reflexión y memoria crítica.
Hacia una memoria “aumentada” de Baranoa
En este décimo aniversario del MUHBA, propongo una visión que combine tres ejes:
- Recuperar: recopilar y conservar archivos, fotografías, relatos orales, materiales de construcción, espacios desaparecidos de Baranoa.
- Reconectar: usar la IA para enlazar esos fragmentos dispersos, visualizarlos, presentarlos al público en modos que emocionen y comuniquen, haciendo vivir la memoria.
- Reimaginar: permitir que las nuevas generaciones, junto con los mayores, participen en reconstrucciones – por ejemplo mediante talleres donde se use IA para recrear escenas antiguas, discutirlas, contrastarlas con la realidad –, generando reflexión crítica sobre lo que fue y lo que es.
Las imágenes virales que se han generado en este año —compartidas en publicaciones vde Facebook donde se invita a la comunidad a reconocer espacios antiguos de Baranoa o a comentar qué año se construyó determinado edificio— ya muestran un camino: la memoria se está activando a través de los usuarios en la comunidad digital. Esto es un buen augurio para que el Museo y la tecnología colaboren y hagan de Baranoa un laboratorio de memoria compartida.
En definitiva: la IA no es una máquina de fantasía, sino una lupa para ver detalles que quizá habíamos olvidado, un puente entre generaciones, un portal donde la Baranoa del pasado dialoga con la Baranoa del presente. Pero este puente debe estar firme, construido sobre la buena praxis del museo, sobre la participación comunitaria, sobre el respeto a la historia y al tiempo y usar herramientas tecnológicas con enfoque ético desde la praxis de la conservación del patrimonio colectivo. En este aniversario, el MUHBA tiene la oportunidad de convertirse en motor de esa memoria “aumentada”, que no solo conserva sino que activa, conecta y proyecta.